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Poesías

La abeja
José Ángel Buesa (Cuba 1910- Exilio 1982)

I

Tu boca jugosa y fragante,
su risa coqueta reía...
Tan fresca la risa fluía,
que su agua la fuente sonante
por ti detenía...

Tu boca reía... Tu boca,
que tiene humedad de ambrosía,
que tanto promete y provoca;
tu boca de piel y armonía,
reía...

Y vino una abeja dorada,
de mieles ansiosa,
y quiso creyéndola rosa,
posarse en tu boca encarnada
fragante y jugosa...

Y en tanto la abeja volaba
buscando la miel de la rosa,
riendo una risa nerviosa,
tu boca el ataque esquivaba,
melodrosa...

Tu boca reía y gemía
de angustia... La abeja de oro,
en pos de la rosa que huía,
ritmaba su vuelo sonoro...

Y, al cabo, la abeja
posóse en tu boca riente,
Tu risa fue grito doliente,
fue queja...

II

Decidme, Señora, si es justa
la cólera vuestra;
decir si merezco esa adusta
mirada que demuestra...

Al ver vuestro aprieto, un instante
quedóse mi mente perpleja:
¡No había manera galante
de darle la muerte a la abeja!

Verdad que os besé; pero en eso
no hay sombra de culpa:
Matar una abeja de un beso,
tal beso disculpa.

No fue, mi Señora, osadía,
besar vuestros labios, rosados:
La abeja me iriso en su agonía.
Miradme los labios hinchados.

Cierto es que bendigo
la abeja traidora,
mas, ved cuánto sufro, en castigo
de haberos besado, Señora.

Reíd vuestra risa nerviosa,
reíd vuestra risa coqueta;
que ría la boca jugosa,
que ría la húmeda rosa
que adora el poeta...

Reíd, y pensad un instante
si el beso una injuria refleja:
¿Había otro modo galante
de darle muerte a la abeja?

 

Pequeña abeja dorada

De flor en flor buscas,
Pequeña abeja dorada,
El porqué de tu existencia.
Dichosa tú que lo logras...
Sabes que tu vida es corta
Por eso aprovechas tan bien
Tu tiempo y cumples con la dulce misión que te encomienda
Nuestra madre naturaleza: fabricar miel…

Esa miel dorada tan dulce y tan preciada
Que lentamente recolectas del néctar de cada flor en que te posas.
¿Si tú supieras lo bien que cumples esa misión?
Al saborear en nuestra mesa el fruto de tu esfuerzo,
Nos damos cuenta de lo útil que eres y tiemblo
Al pensar en que la civilización y el progreso amenacen tu existencia.
Quisiera que perduraras a través de los tiempos y que lleves tu dulzura a muchas generaciones.
Ya no te interrumpo más, pequeña abeja dorada, continúa tu dulce trabajo…

Tía Trini
Pequeña Abeja Dorada

 

Como Una Abeja Como una abeja

Grandes ojos abrasadores
Curvas suaves sus caderas
Dulce fuente su boca
Boca regurgitadora de panacea
Dadora de vida en silencio
Cuidadora de la creación
Vida que se multiplica
Con constante ardor: ve su entorno
Ya sé… ¿Es la abeja?
Es cierto… Mas
Ahora pensaba en mujer

Moisés Asís
 
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